Un árbol corta la monotonía de la vereda gris, y un niño corta la monotonía del propio árbol y la de un hormiguero cuando lo escarba con un palo.
El paso lánguido de un perro que cruza paraliza la marcha de aún automóvil y el pensamiento maquinal de su conductor.
Hay silencios insondables que recorren la ciudad, muy por encima de los gritos, las bocinas, los aviones,; muy por debajo, ciertas miradas lentas. Hay silencios ante los que pocos se detienen. A silencios ante los que muchos se aterran.
La sonrisa de una niña toma por el cuello de la camisa a un hombre de maletín, que ensaya un gesto que pretende gracioso, para sacársela de encima y poder respirar.
A la vuelta hay un parque amplio, desolado y yermo, donde una flor crece para ser cortada, dentro de mucho tiempo, por el mismo niño que en este momento sólo existe para su palo, su hormiguero y su árbol.
martes, 20 de enero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario