Personajes violentos
comedidos
de humo
enarbolan banderas
que se disipan
Nenes engordados
encienden la mecha en la olla popular
Estallan en los bares
en el nombre del hambre
solemnes
con el gesto estudiado
la sabiduría peinada
la niñez en penitencia, en el rincón.
Inquisidores
en altares de humo
estallan ahí, en los bares
o en las calles
en el Nombre…
de algún Dios…
de supuesta libertad
Judas se ve
en las cruz, llora por sí
Pregona el grito de igualdad
reclama distinción
y yo
jodido como ando
con la carcajada atragantada
en el medio del humo que se disipa
necesito que vengas
confíes
y tengas
abrigo.
martes, 1 de septiembre de 2009
miércoles, 22 de julio de 2009
Biología Pura (el invento del amor)
No es que la araña sea mala, sólo que necesita de araños que la traten como tal, para poder mantener su postura indiferente y renegona…
Para ella, un araño es un araño, igual al anterior, semejante al siguiente...y de ahí que no importe quién sea que toque la tela...
Para él, ella sólo existe en lo que un juego fatal. (El araño es inseguro por definición. Cada tanto tiene que reafirmarse frente alguien).
Así pasa, que ella devora con saña, hasta volverse sóla... así pasa, que él escupe y se vacía de todo, en una breve muerte.
...así se llevan las arañas y los araños... ¿será por eso que ellos nunca van de a dos?
y a los aracnofóbicos...¿qué carajo les queda?
Para ella, un araño es un araño, igual al anterior, semejante al siguiente...y de ahí que no importe quién sea que toque la tela...
Para él, ella sólo existe en lo que un juego fatal. (El araño es inseguro por definición. Cada tanto tiene que reafirmarse frente alguien).
Así pasa, que ella devora con saña, hasta volverse sóla... así pasa, que él escupe y se vacía de todo, en una breve muerte.
...así se llevan las arañas y los araños... ¿será por eso que ellos nunca van de a dos?
y a los aracnofóbicos...¿qué carajo les queda?
jueves, 5 de marzo de 2009
La página de atrás
La tristeza del perro y la soledad de la abuela
La pausa del invierno
por todos lados
por vos
por mí,
por ahí afuera.
Un ángel sonríe a través de los ojos de una mujer
y las hojas secas del parque se cansan de nunca llegar.
Mueren sobre el pasto muerto
como los viejos
que esperan frente a la pantalla de TV.
Algunos caminan leyendo sus soledades de los renglones de la vereda.
pensando en lo irreconciliable de los árboles y el viento
en lo irreconciliable de vos y de mí
en que sin árboles, el viento no existe
y en que sin viento
los árboles no bailan.
La pausa del invierno
por todos lados
por vos
por mí,
por ahí afuera.
Un ángel sonríe a través de los ojos de una mujer
y las hojas secas del parque se cansan de nunca llegar.
Mueren sobre el pasto muerto
como los viejos
que esperan frente a la pantalla de TV.
Algunos caminan leyendo sus soledades de los renglones de la vereda.
pensando en lo irreconciliable de los árboles y el viento
en lo irreconciliable de vos y de mí
en que sin árboles, el viento no existe
y en que sin viento
los árboles no bailan.
martes, 3 de febrero de 2009
Gracias por quedarse
Noche cálida en Ciudad Capital. Plaza Serrano atestada de restaurants modernos y luces mortecinas. Perfumados comensales se pasean en grupo, o de a dos, tomados del brazo, observando como espectadores circenses los números de los artistas callejeros; ven a los exóticos monitos con manija regalar sus sueños, y se los devuelven con la cara bondadoza de una moneda de 10 centavos, para separar dos mundos de por sí irreconciliables.
Alguien dibuja en La Página de Atrás, el momento preciso en que una joven pareja es intervenida en plena vereda por uno de los artistas en cuestión, que lleva en sus manos un cartón de vino y una pianola.
- Disculpame amigo ¿Me convidas un cigarrillo?
- Si, ¿ cómo no te voy a dar?.- responde el chico.
Otro hombre se acerca con una guitarra.
- ¿ A mí no me darías uno?
- No, sí…es que ya le di a…- el chico duda, también ve que junto a los otros dos hay una vieja despeinada.- Bueno… te doy, pero me quedan pocos.
El hombre de la guitarra recibe el cigarrillo, pero no lo enciende, prefiriere ofrecer a la pareja una canción de regalo.
El chico vuelve a dudar.
- Bueno, dale; muchas gracias.
El primer hombre se suma con la pianola al de la guitarra, y la vieja despeinada empieza a bailar con los antebrazos en alto y dando golpes al aire con las rodillas. Algunos transeúntes miran como sorprendidos, pero como la pareja todavía escucha, los músicos deciden tocar una más.
Antes de que termine de sonar la última nota de la segunda canción, el chico de la pareja se incorpora para retirarse. De su atado de cigarrillos retira dos para sí, y ofrece lo que resta en el paquete a los hombres.
- Se los regalo, ustedes me dieron más que esto.
- No al contrario, gracias a ustedes por quedarse.- dice el de la guitarra con los ojos blandos.
La pareja se aleja en silencio en una calle oscurecida por la sombra de los árboles y los edificios. El va mirando las baldosas con un brazo extendido por detrás del cuello de su novia. “Gracias por quedarse” le dice a ella, pero habla para sí. En sus adentros, se reprocha cierta mezquindad; se lamenta sentirse parte de la ceguera colectiva; y se angustia por la soledad repetitiva e inevitable de los que viven sin ver, más que lo que devuelven los espejos.
Alguien dibuja en La Página de Atrás, el momento preciso en que una joven pareja es intervenida en plena vereda por uno de los artistas en cuestión, que lleva en sus manos un cartón de vino y una pianola.
- Disculpame amigo ¿Me convidas un cigarrillo?
- Si, ¿ cómo no te voy a dar?.- responde el chico.
Otro hombre se acerca con una guitarra.
- ¿ A mí no me darías uno?
- No, sí…es que ya le di a…- el chico duda, también ve que junto a los otros dos hay una vieja despeinada.- Bueno… te doy, pero me quedan pocos.
El hombre de la guitarra recibe el cigarrillo, pero no lo enciende, prefiriere ofrecer a la pareja una canción de regalo.
El chico vuelve a dudar.
- Bueno, dale; muchas gracias.
El primer hombre se suma con la pianola al de la guitarra, y la vieja despeinada empieza a bailar con los antebrazos en alto y dando golpes al aire con las rodillas. Algunos transeúntes miran como sorprendidos, pero como la pareja todavía escucha, los músicos deciden tocar una más.
Antes de que termine de sonar la última nota de la segunda canción, el chico de la pareja se incorpora para retirarse. De su atado de cigarrillos retira dos para sí, y ofrece lo que resta en el paquete a los hombres.
- Se los regalo, ustedes me dieron más que esto.
- No al contrario, gracias a ustedes por quedarse.- dice el de la guitarra con los ojos blandos.
La pareja se aleja en silencio en una calle oscurecida por la sombra de los árboles y los edificios. El va mirando las baldosas con un brazo extendido por detrás del cuello de su novia. “Gracias por quedarse” le dice a ella, pero habla para sí. En sus adentros, se reprocha cierta mezquindad; se lamenta sentirse parte de la ceguera colectiva; y se angustia por la soledad repetitiva e inevitable de los que viven sin ver, más que lo que devuelven los espejos.
martes, 20 de enero de 2009
Hoja en blanco
Un árbol corta la monotonía de la vereda gris, y un niño corta la monotonía del propio árbol y la de un hormiguero cuando lo escarba con un palo.
El paso lánguido de un perro que cruza paraliza la marcha de aún automóvil y el pensamiento maquinal de su conductor.
Hay silencios insondables que recorren la ciudad, muy por encima de los gritos, las bocinas, los aviones,; muy por debajo, ciertas miradas lentas. Hay silencios ante los que pocos se detienen. A silencios ante los que muchos se aterran.
La sonrisa de una niña toma por el cuello de la camisa a un hombre de maletín, que ensaya un gesto que pretende gracioso, para sacársela de encima y poder respirar.
A la vuelta hay un parque amplio, desolado y yermo, donde una flor crece para ser cortada, dentro de mucho tiempo, por el mismo niño que en este momento sólo existe para su palo, su hormiguero y su árbol.
El paso lánguido de un perro que cruza paraliza la marcha de aún automóvil y el pensamiento maquinal de su conductor.
Hay silencios insondables que recorren la ciudad, muy por encima de los gritos, las bocinas, los aviones,; muy por debajo, ciertas miradas lentas. Hay silencios ante los que pocos se detienen. A silencios ante los que muchos se aterran.
La sonrisa de una niña toma por el cuello de la camisa a un hombre de maletín, que ensaya un gesto que pretende gracioso, para sacársela de encima y poder respirar.
A la vuelta hay un parque amplio, desolado y yermo, donde una flor crece para ser cortada, dentro de mucho tiempo, por el mismo niño que en este momento sólo existe para su palo, su hormiguero y su árbol.
lunes, 19 de enero de 2009
El otro ojo
Los charcos salpican la lluvia
En las vías que camino
Cantando a la canción.
Veo los edificios
El cielo de los tuertos
Las pantallas que los ciegan
Los sacian
¡Frenéticos pervertidos!
Otro cielo
Tan pequeño
Tan enorme sobre mí
Donde los árboles silencian saber
Como los locos, los ignorantes
Los retardados
Como la abuela que solloza a algún dios
Y el niño
Hay un cielo tan enorme
Tan pequeño
Donde los perros sonríen sus tristezas
Donde piso los charcos de tu ausencia compañera
Y canto
Tan solo
Tan feliz.
En las vías que camino
Cantando a la canción.
Veo los edificios
El cielo de los tuertos
Las pantallas que los ciegan
Los sacian
¡Frenéticos pervertidos!
Otro cielo
Tan pequeño
Tan enorme sobre mí
Donde los árboles silencian saber
Como los locos, los ignorantes
Los retardados
Como la abuela que solloza a algún dios
Y el niño
Hay un cielo tan enorme
Tan pequeño
Donde los perros sonríen sus tristezas
Donde piso los charcos de tu ausencia compañera
Y canto
Tan solo
Tan feliz.
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